Jueves 29 de Enero 2026
La República Dominicana atraviesa un momento crítico en términos de valores humanos, convivencia y respeto por la vida. Los hechos de violencia que a diario sacuden al país ya no solo ocurren en las calles o entre desconocidos; ahora emergen desde el núcleo más sagrado de la sociedad: la familia.
El reciente caso ocurrido en San Francisco de Macorís, donde una adolescente de 14 años, Aneisy Ceballos de Jesús, fue ultimada a tiros por su propia hermana, Akeisy Valerio de Jesús, constituye una de las expresiones más dolorosas y alarmantes de esta realidad. Más allá del impacto noticioso, este suceso obliga a una profunda reflexión colectiva.
¿Cómo hemos llegado al punto en que el amor fraterno, el respeto y la protección mutua han sido sustituidos por la violencia extrema? ¿En qué momento se quebraron los valores fundamentales que sostienen la convivencia humana? La pérdida del amor al prójimo, la intolerancia, la normalización de la violencia y la falta de control emocional parecen haberse arraigado peligrosamente en nuestra sociedad.
Este hecho no puede verse como un caso aislado, sino como el reflejo de una descomposición social que se ha venido gestando durante años, alimentada por la indiferencia, la falta de orientación familiar, la ausencia de políticas efectivas de prevención y un entorno donde la vida ha perdido valor.
Urge retomar la educación en valores desde el hogar, las escuelas y las comunidades; fortalecer la salud mental, promover la resolución pacífica de conflictos y asumir, como sociedad, la responsabilidad de cuidar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes. De lo contrario, seguiremos lamentando tragedias que no solo arrebatan vidas, sino que dejan cicatrices profundas en la conciencia nacional.
