Domingo 22 de febrero 2026
El cáncer de próstata continúa siendo uno de los principales problemas de salud en la población masculina. De acuerdo con estimaciones internacionales, es el segundo tipo de cáncer más diagnosticado en hombres y la quinta causa de muerte por esta enfermedad a nivel mundial. Además, se proyecta que para el año 2040 los casos anuales casi se dupliquen, pasando de 1.4 millones a 2.9 millones.
Diversas investigaciones han explorado la posible relación entre la actividad sexual y el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer. En uno de los estudios más citados, que analizó datos de más de 32 mil hombres, se observó que aquellos que reportaron al menos 21 eyaculaciones al mes presentaban un riesgo significativamente menor de padecer cáncer de próstata en comparación con quienes informaron entre cuatro y siete mensuales.
Los factores de riesgo confirmados para esta enfermedad incluyen la edad avanzada, antecedentes familiares y ciertos elementos relacionados con el estilo de vida, como la alimentación y el nivel de actividad física. Sin embargo, científicos también han evaluado si la frecuencia de la eyaculación podría influir en la salud prostática.
Algunas hipótesis plantean que la eyaculación regular ayudaría a eliminar secreciones acumuladas en la próstata, incluyendo sustancias potencialmente dañinas como compuestos inflamatorios y oxidativos, que podrían afectar el ADN celular si permanecen por largo tiempo en los conductos prostáticos.
Otra posible explicación apunta a la regulación hormonal. Se sugiere que una actividad eyaculatoria frecuente podría contribuir al equilibrio de andrógenos y estrógenos, favoreciendo el funcionamiento adecuado de la próstata y la renovación normal de sus células.
No obstante, expertos advierten que el cáncer de próstata es una enfermedad multifactorial y que estos hallazgos no deben interpretarse como una garantía de prevención. La genética, el envejecimiento y los hábitos de vida siguen siendo determinantes clave.
En ese sentido, los especialistas recomiendan mantener un estilo de vida saludable, evitar conductas perjudiciales y acudir a chequeos médicos periódicos para facilitar un diagnóstico temprano, lo que incrementa las probabilidades de tratamiento exitoso y mejor calidad de vida.
