Miércoles 21 de Enero, 2026
Santo Domingo, RD. – Este martes, la República Dominicana se une en oración y tradición para conmemorar el Día de Nuestra Señora de la Altagracia, considerada la protectora espiritual del pueblo dominicano. Como cada 21 de enero, miles de devotos se desplazan desde distintos puntos del país hacia Higüey, provincia La Altagracia, para rendir tributo a la Virgen y cumplir promesas hechas en momentos de dificultad o gratitud.
La devoción a la Virgen de la Altagracia tiene raíces profundas en la historia nacional. De acuerdo con el obispo de La Vega, monseñor José Amable Durán Tineo, esta advocación mariana llegó al país en los primeros años de la colonización española y, con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los principales pilares de la espiritualidad dominicana. Su imagen y significado han trascendido generaciones, afianzándose como emblema de fe, esperanza y unidad.
En 2022 se celebraron cien años de la instauración oficial de esta festividad religiosa, reafirmando el lugar central que ocupa la Virgen de la Altagracia en la religiosidad popular y en la identidad cultural del país.
Una devoción que trasciende Higüey
Aunque la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia, en Higüey, es el principal escenario de las celebraciones, los actos religiosos se extienden a parroquias y templos de todo el territorio nacional, incluyendo Santo Domingo, Santiago y otras diócesis. En cada rincón del país se celebran misas, vigilias y actos litúrgicos en honor a la Virgen.
Monseñor Durán Tineo resaltó que la Altagracia no pertenece únicamente a una región o parroquia, sino que es venerada por todo el pueblo dominicano, convirtiéndose en un símbolo común de protección y fortaleza espiritual.
Dos advocaciones, una misma fe
La conmemoración también revive el debate histórico sobre la patrona del país. Mientras que la Virgen de las Mercedes ostenta el título oficial de patrona de la República Dominicana, la Virgen de la Altagracia es reconocida como protectora del pueblo y figura central de la devoción nacional. Esta dualidad mariana, según explica la Iglesia, refleja la riqueza espiritual y cultural del país.
Fe, tradición y encuentro familiar
Las celebraciones incluyen peregrinaciones, homilías solemnes y la entrega de ofrendas, que van desde flores y velones hasta donaciones económicas, como expresión de agradecimiento o súplica. Paralelamente, al tratarse de un feriado nacional, muchos ciudadanos aprovechan la jornada para compartir en familia o descansar.
El Día de Nuestra Señora de la Altagracia continúa siendo una de las expresiones más vivas de la fe dominicana, reafirmando cada año el vínculo entre la religión, la historia y la identidad del pueblo.
