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La “Ola” y la responsabilidad histórica del PRM

Miércoles 24 de junio 2026

 Por;Randy Santana 

Santo Domingo.-En la política dominicana existe un fenómeno que, aunque muchas veces se comenta en voz baja, ha marcado de manera profunda el comportamiento electoral de las últimas décadas: la llamada “ola”. Esa tendencia casi natural de una parte importante del electorado a inclinarse por quien se percibe como ganador, más que por quien necesariamente representa mejor sus intereses, sus aspiraciones o sus causas.

No se trata simplemente de simpatía política. Se trata de una conducta colectiva que se activa cuando la ciudadanía, los sectores sociales, económicos y hasta muchos dirigentes políticos comienzan a leer el ambiente y a preguntarse: ¿quién va a ganar? Y muchas veces, antes de evaluar programas, trayectorias, compromiso, cercanía o visión de país, terminan sumándose al proyecto que parece inevitable.

Esa realidad debe llamarnos a una profunda reflexión dentro del Partido Revolucionario Moderno.

El PRM no puede darse el lujo de escoger su próximo liderazgo nacional únicamente por percepción, por ruido, por estructura mediática o por la sensación de que alguien “viene en la ola”. Nuestro partido nació como una respuesta a una necesidad democrática del país. Nació para transformar la forma de gobernar, para recuperar la confianza ciudadana, para abrir espacios, para adecentar la administración pública y para demostrar que era posible ejercer el poder con transparencia, institucionalidad y respeto.

Ese proceso de cambio ha tenido en el presidente Luis Abinader una figura central. Su liderazgo ha marcado una etapa importante de reformas, modernización, estabilidad y fortalecimiento institucional. Por eso, el próximo candidato o candidata presidencial del PRM no puede ser simplemente quien más ruido haga o quien mejor parezca colocado en un momento determinado. Debe ser una persona capaz de garantizar la continuidad de los cambios iniciados por el honorable presidente Luis Abinader.

Pero esa continuidad no puede verse solo desde el Gobierno hacia la sociedad. También debe verse desde el partido hacia su militancia.

El próximo liderazgo presidencial del PRM debe comprender que gobernar bien también implica integrar, escuchar y reconocer a quienes han sostenido este proyecto político en los territorios. Los perremeistas de base, los dirigentes comunitarios, los jóvenes, las mujeres, los profesionales, los coordinadores de campaña, los presidentes de zonas, los compañeros de los municipios y distritos municipales no pueden ser vistos únicamente como fuerza electoral en campaña. Deben ser parte activa del proceso de gobierno.

La militancia del PRM ha acompañado con sacrificio, esperanza y disciplina este proyecto. Muchos han defendido al Gobierno en momentos difíciles, han tocado puertas, han organizado estructuras, han dado la cara en sus comunidades y han sostenido la bandera del cambio incluso cuando no han recibido las oportunidades que legítimamente esperaban. Esa realidad no debe ser ignorada.

Por eso, cuando hablamos del próximo candidato o candidata presidencial del PRM, no basta con preguntar quién tiene más posibilidades de ganar. También debemos preguntarnos quién tiene la sensibilidad política para gobernar con el partido, quién entiende el valor de la militancia, quién garantiza mayor participación de los perremeistas en el tren gubernamental y quién tiene la capacidad de unir al país sin desconectar al partido de su propia base.

La “ola” puede ganar elecciones, pero solo una visión política clara puede sostener un proyecto de nación.

El PRM debe cuidarse de no caer en el error de confundir percepción con convicción. Las olas suben, bajan y cambian de dirección. Los procesos políticos verdaderamente trascendentes se construyen con principios, con organización, con inclusión y con liderazgo responsable.

El próximo candidato o candidata presidencial debe representar continuidad, pero también equilibrio. Debe garantizar que lo avanzado no se detenga, que las reformas no retrocedan, que la estabilidad se mantenga y que el país siga por el camino de la institucionalidad. Pero también debe garantizar que el PRM siga siendo un partido vivo, participativo, territorial y conectado con su gente.

Porque un partido que gana elecciones, pero no escucha a su militancia, corre el riesgo de debilitar sus raíces. Y ningún proyecto político se sostiene solo desde arriba. Se sostiene desde abajo, desde los barrios, desde los campos, desde los municipios, desde las provincias y desde cada compañero que cree que el cambio también debe tocar su puerta.

El momento que vive el PRM exige madurez, serenidad y visión estratégica. No se trata de levantar divisiones ni de adelantar conflictos innecesarios. Se trata de abrir una reflexión seria sobre el futuro del partido y del país.

La República Dominicana necesita continuidad con sentido humano. El PRM necesita continuidad con participación. Y la militancia necesita sentir que el próximo liderazgo presidencial no solo buscará ganar una elección, sino también gobernar con quienes hicieron posible este proyecto.

La historia nos enseña que las olas pueden arrastrar multitudes. Pero los partidos responsables no deben dejarse arrastrar sin pensar. Deben conducir el rumbo.

Y ese es el gran reto del PRM: no escoger solo al que parezca ganar, sino a quien garantice ganar, gobernar bien, continuar el cambio y devolverle a la militancia el lugar que merece en la construcción del futuro.