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Los influencers, ¿plebeyos o bienhechores?

Domingo 14 de junio 2026

Por :Oscar López Reyes

Santo Domingo.-La irrupción de las tecnologías de la comunicación más avanzadas ha improvisado a influencers y creadores de contenidos, muchos de los cuales espectacularizan aventuras y excentricidades en lenguaje burdo, que en la esfera universal impactan en la negatividad y desde 2008 han cobrado la vida a más de 500 de esos aficionados. Esa interacción con las audiencias ha creado a esos nuevos agentes de socialización o “líderes de opinión” de facto, y engendrado un asombroso fenómeno de comunicación de masas.

Influencers y bloqueros se aprovechan de la fragilidad mental, la ingenuidad y el regocijo de amplios núcleos colectivos con las palabrotas, los chistes vulgares y otros entretenimientos para romper con la pesada rutina, así como la pornografía y las imágenes íntimas y terroríficas. Montados en esa ola, ganan fama y seguidores, y monetizar a través de la publicidad y el expendio de productos. Vuelcan su capital humano en economía de la atención o marketing de influencia.

El efecto espejo y el juicio nublado en su afición por la adrenalina, acometen actos que alarman. Husmeando viralidad a través de visualizaciones en internet, permanentemente a nivel global cientos mueren trágicamente, en la imprudencia de querer capturar fotografías, grabar videoclips y efectuar transmisiones en vivo, cantando y bailando sin buena mirada.

En ciegas circunstancias, caen desde rascacielos y helicópteros, trenes, acantilados, cascadas, pasos subterráneos, vacíos y huecos en el suelo, azoteas y poses peligrosas, así como ahogados en ríos y mares, perecen en accidentes de tránsito y tiroteos, y por tomarse una botella de whisky de un tirón por una gratificación económica.

Incentivando fuertes emociones con tono desafiante en la utilización de algoritmos, y creando una percepción de impunidad ante normas sociales o legales o mensajes que inducen al suicidio, apabullan en la generación de expectativas poco realistas, en plataformas virtuales, en podcasters/audio, blogs o escrito, opinión (twiller), en video largo (YouTube) y visual o Integram/TikTok, para terminar impactando en las decisiones de consumo, en el lomo de una especie de economía de plataformas digitales.

Estos altavoces digitales actúan como puentes de confianza entre corporaciones y consumidores, y transfiriendo su capital cultural en influencia económica, sustentado en una tríada:

1) Innovaciones tecnológicas.

2) Ausencia de formación ético-profesional de influencers y creadores de contenidos, y

3) Falta de regulación jurídica de la comunicación global.

Aficionados sin formación académica transformados en arquetipos contemporáneos, con el deliberado lenguaje soez, el tono coloquial, la forja de una ilusión de intimidad con los receptores en la inmediatez, consiguen seguidores y monetizan mediante la publicidad, la desinformación, la difamación, el bulo y la hipersexualización, que atrapan especialmente a niños y adolescentes. Los estudios revelan que el 70% de los consumidores ha experimentado algún nivel de impacto emocional negativo.

Estos influencers utilizan plataformas digitales en violaciones penales y civiles, que conllevan a multas y sanciones administrativas. Citemos diez ejemplos:

1.- Difamación (calumnias e injurias) contra personas y empresas, que lesionan el honor, la intimidad y la reputación.

2.- Difusión de publicidad engañosa: productos con datos ocultos, falsos, exagerados o con ganchos.

3.- Concursos y sorteos ficticios, productos fraudulentos y promesas de ganancias económicas.

4.- Blanqueo de capitales de procedencia ilícita y captación de dineros ilegales.

5.- Promoción de juegos ilegales, apuestas y casinos en líneas no regulados.

6.- Posteo de imágenes y videos íntimos, filtración de datos individuales y delitos digitales y cibernéticos.

7.- Divulgación de informaciones personales, imágenes privadas y campañas de hostigamiento contra usuarios.

8.-  Recomendación de tratamientos médicos, dietas peligrosas y productos milagrosos sin contar con autorización oficial.

9.- Fomento de discursos discriminatorios, racistas con incitación al odio y la violencia, y a daños físicos contra minorías o colectivos.

10.- Asociación ilícita en promoción del crimen organizado, como el narcotráfico y la trata de personas.

En distintas comarcas universales, en sus relaciones parasociales, influencers han desplazado a tutores tradicionales, como periodistas, profesores y otros profesionales y como imagen de marca fungen como modelo a seguir por niños y adolescentes.

Son el más relevante fenómeno psicológico y relacional del Efecto Espejo, denominado así por la atracción de personas de iguales características. O sea, por la empatía de receptores con emisores, su conexión cerebral con el lenguaje corporal y con su voz. Especialistas señalan que, en la esfera neurológica, está respaldado científicamente por las neuronas espejo o células cerebrales que se activan cuando se observan acciones por personas más realizadas, cuyas conductas imitan.

Pero, ¿sólo negatividad? No. «Siempre hay algo bueno en lo malo, siempre hay luz en las noches más oscuras» (Alejandro Ordónez); «Si la vida te da limones, haz limonada» (refrán popular) y “Cada adversidad, cada fracaso, cada angustia, llevan consigo la semilla de un beneficio igual o mayor” (Napoleón Hill)

Siendo así, influencers motivacionales usan sus plataformas profesionales para amplificar causas sociales, la responsabilidad social, la equidad de género y otros temas de impacto educativo, que motorizan el cambio social, como los siguientes:

1.- Conocimiento y educación: A personas de escasos recursos financieros dictan cursos gratuitos, efectúan audiencias por medio de tutoriales, consejos profesionales y suministran informaciones para democratizar el aprendizaje.

2.- Filantropía humanitaria: Encabezan campañas de recaudación de fondos para damnificados, comunidades vulnerables y causas benéficas.

 3.- Conciencia ecológica: Inspiran a sus seguidores a emprender acciones para la protección de los bosques y salvas, recursos acuíferos, las especiales animales y la educación sobre el cambio climático.

4.- Hábitos y salud: Concientizan en torno a la necesidad de adoptar hábitos saludables y el cuidado de la salud física y mental.

5.- Fomentar el consumo consciente y la transmisión de conocimientos sobre tecnología y ciencia, finanzas, derechos humanos y otros temas de interés  colectivo.

En tales casos, ¿son los influencers plebeyos o bienhechores?

Los influencers son plebeyos y villanos, y también bienhechores y héroes. En función de sus objetivos de lucro personal o bienestar colectivo, pueden ser prolocutores o auténticos líderes de opinión.

Los influencers plebeyos priorizan el entretenimiento hacia la popularidad en la superficialidad y banalidad narcisista -por lo general efímera- y la monetización, en cuya búsqueda fomentan estilos de vida irreales, el consumismo desmedido, la publicidad engañosa, la desinformación y se involucran en escándalos y estafas. No son líderes de opinión, sino moderadores o prolocutores de facto.

En contraste, los influencers bienhechores (periodistas, educadores, médicos, científicos, estrellas artísticas y deportivas, y otros profesionales) construyen su liderazgo anclados en sus conocimientos académicos, experiencias y credibilidad. Ellos son líderes de opinión auténticos y respetados, porque se acogen a la ética, promueven el consumo responsable y visibilizan causas sociales, motivando cambios positivos.

Epílogo: Los influencers son un hecho social mayúsculo e inusual, real y fáctico que, en su conexión marcas-audiencias, amerita sistemáticos estudios cualitativos y cuantitativos en Psicología de la Comunicación y Sociología de la Comunicación, más allá de las simples métricas. 

Protagonizan las figuras conocidas (presentadores de televisión), famosas (actores de amplia exposición mediática) y celebridades (superestrellas deportivas y artísticas globales), algunas de las cuales superan los 600 millones de seguidores, como Cristino Ronaldo en Instagram. 

La notoriedad como dominancia perceptiva puede ser una premisa para trabajar en la formulación de una hipótesis que derive en teorías útiles para cualificar el comportamiento social. Mano a la obra. ¿Quién empieza?